Este proceso se fundamenta en las dificultades relacionadas con las posibilidades de participación efectiva en la gestión del riesgo; garantizando y promoviendo la articulación efectiva y real de la prevención, donde se comienza a abrir un camino para posibilitar la participación y decisión de los ciudadanos y ciudadanas entorno a la gestión del desarrollo y este será por excelencia el escenario para hacer del Plan de Emergencia del sector, un proceso con mayor nivel de legitimidad.
Sin duda, es una de las más visibles acciones de inclusión social y de gobernabilidad que desde las comunidades organizadas se viene desarrollando y aunque durante los últimos años el balance no es positivo con respecto a los resultados alcanzados, consideramos que es un proceso que como coordinantes de esta iniciativa seguiremos defendiendo y fortaleciendo.
De igual forma los Planes de Emergencia constituyen el principal instrumento de las comunidades para identificar las situaciones que le son negativas en materia de la gestión del riesgo. Así, el sector debe visualizar en la coyuntura actual, una nueva forma para relacionarse con el Estado donde este, fortalezca las iniciativas de participación desde la gestión del riesgo; y esto implica la toma de decisiones desde la comunidad en torno al desarrollo de la ciudad.
Este proceso puede definirse como un ejercicio que le ha permitido a los diferentes actores pensar en el desarrollo del sector y la ciudad a través de la concertación participativa de iniciativas de intervención colectiva, sin embargo componentes como su articulación del Plan de Emergencia, el seguimiento y la evaluación del impacto generado en este espacio son aún el asunto que generan mayores rupturas y desarticulación entre los actores, sujetos de intervención.
En este proceso, se considera la comunicación como un componente de empoderamiento y movilización que posibilita la generación de opinión pública, permitiendo a la comunidad el empoderamiento y la construcción de argumentos para el establecimiento de debates que deriven en la visualización concertada de propuestas, la comunicación interna y externa se considera como un mecanismo de posicionamiento del proceso.
Sumado a lo anterior, y como resultado del avance del proceso existe una proposición de modelo de gestión del riesgo, que requiere de su dinamización y consolidación a partir de las definición de unas políticas orientadoras en torno a la prevención, que lo posicione como el escenario que dinamice el proceso, debido a que este ejercicio no termina en la elaboración del Plan de Emergencia, sino que continua en la gestión, la evaluación y seguimiento, incluso la formulación de nuevas propuestas de intervención que respondan a los cambios territoriales, sociales, económicos y demás que se presentan a lo largo de la gestión del riesgo.